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La motivación profesional para optimizar el rendimiento en las empresas

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El dinero es importante, pero no lo es todo; las nuevas generaciones de profesionistas consideran también otros factores y los toman muy en serio, opina Guillermo Fournier.

Las corporaciones exitosas son las que consiguen disponer de los mejores perfiles profesionales entre sus filas. En este sentido, las empresas se integran por personas con cualidades, intereses y ambiciones particulares; idealmente, estos entes individuales se complementan entre sí, conformando equipos de trabajo productivos, que abonan al crecimiento de la institución.

Sin embargo, reclutar a los mejores prospectos para ocupar una determinada posición laboral no resulta suficiente, ya que es necesario además que la empresa genere las condiciones adecuadas para que el profesional desarrolle su potencial, contribuyendo así a la consecución de los objetivos planteados por la corporación.

Por tanto, es probable que muchos directivos y empleadores se pregunten: ¿por qué si los salarios en la empresa son competitivos y contamos con un departamento de Recursos Humanos estructurado, no conseguimos los resultados esperados?

Pues bien, seguramente la asignatura pendientes radica en prestar mayor atención a la relación entre quienes detentan posiciones de liderazgo y el personal de trabajo, así como en llevar a cabo una evaluación del clima laboral dentro de la institución.

Aquí es cuando entra en escena un elemento que es capaz de cambiar la ecuación por completo; la motivación es la llave maestra para lograr que un colaborador dé incluso más del cien por ciento; cuando un equipo de trabajo se halla motivado, la dinámica laboral mejora sustancialmente y las metas se tornan asequibles.

Con frecuencia se dice que la motivación es una cuestión interna de cada persona; que uno tiene la obligación de llegar motivado a la oficina o al sitio de trabajo. Esta perspectiva resulta inexacta, pues en gran medida, el entusiasmo y la convicción dependen también de factores del contexto laboral.

Entonces, si el entorno en el que se desempeña profesionalmente un trabajador no resulta estimulante, difícilmente se alcanzará potenciar el talento del mismo; con certeza, ello constituye una enorme pérdida para las empresas.

Cabe resaltar que la tarea de motivar a los colaboradores de una corporación no se limita a cubrir el aspecto económico; desde luego que percibir un sueldo atractivo es estimulante, no obstante, hay otras variables que los trabajadores toman en cuenta igualmente para determinar su nivel de satisfacción como miembros de una institución.

El dinero es importante, pero no lo es todo; las nuevas generaciones de profesionistas consideran también otros factores y los toman muy en serio.

A grandes rasgos, un colaborador se siente contento y pleno cuando percibe que su jefe confía en él. En este sentido, es indispensable que el líder de un equipo de trabajo conozca bien a su personal; que esté enterado del perfil individual de cada uno, con sus talentos y habilidades.

A la par, quien encabeza un departamento o área laboral debe ocuparse de construir un ambiente propicio para que la creatividad y la integración proliferen, de modo que se aproveche eficientemente el conocimiento y expertise de todos.

Es falso que exista gente tóxica en los entornos laborales; por lo general, ocurre que existen ambientes tóxicos que impiden al personal desarrollar su potencial. Por ello, es menester crear liderazgos con las competencias requeridas para establecer entornos de confianza que inciten la iniciativa.

La productividad se da donde hay espacios propicios para la innovación y el emprendimiento; romper paradigmas es imprescindible en esta era de cambio.

Si los líderes empresariales serán los primeros responsables de que la motivación sea una constante en los entornos laborales, entonces se precisa, en primera instancia, que aquellos encargados de tomar decisiones sean los más convencidos y entusiasmados con el proyecto.

Nadie puede convencer a los demás respecto de lo que no está convencido; para tal propósito, una misión y visión institucionales bien definidas serán cruciales.

Solo si la empresa se preocupa verdaderamente por las aspiraciones y preocupaciones de sus colaboradores conseguirá integrarlos eficazmente a la alineación de metas y objetivos; la dimensión humana nunca se dará por sentado. Ahí donde hay confianza y buenas condiciones de trabajo, el talento humano es casi ilimitado.

FUENTE: Expansión 

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